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Por las montañas de Quito

Diciembre 2006

Participantes: Juana Fogel y Edilia C. de Borges
Guías: Manuel y Diego Jácome

La aventura indetenible comenzó en el aeropuerto internacional “José Antonio Sucre” en la ciudad de Quito, capital del vecino país Ecuador, mitad del mundo por la línea equinoccial que lo cruza de norte a sur, dividiendo la tierra en dos hemisferios.


En horarios diferentes fuimos recibidas por quienes serían nuestros anfitriones y guías, el señor Manuel Jácome y su hijo Diego Jácome. Muy amablemente nos dieron la bienvenida y posteriormente nos llevaron al hotel donde nos hospedaríamos en la ciudad.

Esta primera noche dormimos muy bien y al día siguiente Diego nos vino a buscar para llevarnos en un recorrido por el Quito Colonial. Bastante interesante. Conocimos monumentos y edificios antiguos españoles, erigidos sobre bases de arquitectura indígena “Quechua”. En la catedral majestuosa reposan los restos de nuestro prócer José Antonio Sucre, de los cuales Venezuela ha solicitado se le entregue una parte para que sean depositados en nuestro panteón nacional. También pudimos observar en una de las naves , en sitial de honor, una réplica exacta de la espada de nuestro Libertador Simón Bolívar. FOTOS

Calles largas empedradas, ascienden y descienden, muy empinadas. Señoras vistiendo con mucho garbo su tradicional traje nacional, muy colorido. En los brazos de una de ellas, un ramo de rosas grandes de varios colores, rompe la monotonía de su pañolón negro. Gente sencilla y cordial. Hermosos pobladores de heterogénea mezcla mestizos e indígenas, siempre prontos para atender los requerimientos del turista.

El recorrido de esta mañana por la ciudad, además de atractivo, educativo e interesante nos ayudó a nosotras que venimos de zonas bajas, a comenzar a aclimatarnos. Quito está ubicada a una altitud de …….m.s.n.m. Diego resultó el “cicerone” ideal, muy detalladamente nos ilustró y describió cada rincón que visitamos. Esa noche nosotras cenamos en un restoran cerca del hotel, donde con agradable sorpresa vimos llegar al equipo juvenil venezolano de futbol, que cumplía compromisos en el país..

Al día siguiente temprano, Manuel nos recogió en su camioneta, nos trasladamos a una tienda de deportes FOTO para equiparnos con lo necesario para subir a las montañas nevadas.. Posteriormente se nos unió su simpática hija Silvana. Salimos de la ciudad y por una carretera llegamos al poblado San Golqi (se destaca este poblado por su siembra de choclos(maíz) de granos muy grandes , donde se compraron las provisiones faltantes. Acá se quedó Silvana, quien iría hacia el refugio Campo Base propiedad de la familia. Veo con sorpresa algunos ejemplares de árboles muy altos, de tronco esbelto en cuya copa crecen las ramas de hojas, como si fuese un paraguas invertido. Sólo los había visto en la región de Paraná (Brasil) donde se les llama Pinheiros. FOTO

Hoy nuestro objetivo es llegar a la cima del pico Pasochoa (4.200 m), pero la entrada hacia la montaña está cerrada porque los lugareños la están arreglando. Hubimos de dar unas vueltas, tomar la carretera Panamericana y en el cruce “Los Sauces”, doblamos hacia un camino vecinal, proseguimos por éste y en un sitio frente a una reja cerrada que resguarda unas oficinas públicas estacionamos la camioneta.

Bien apertrechadas con suficiente agua potable, comienza nuestra caminata, por una carretera de tierra con algunas piedras diseminadas que alguna vez la cubrió, seguimos hasta donde termina, enfrente tenemos ahora una colina donde se ubica una casita desierta y detrás de ella un precioso prado muy verde. Alcanzo a ver un conejito que huye despavorido. FOTO . Comenzamos a subir una no muy exigente pendiente. Siempre vamos detrás de Manuel. Él nos previene de la posible aparición de ganado salvaje. Específicamente los toros, si los encontramos y nos embisten hay que tirar al suelo la mochila para entretenerlo mientras nosotras corremos a escondernos donde consigamos, hasta que el animal decida irse. Afortunadamente ello no ocurrió.

A medida que subimos la altitud nos permite la amplia y linda vista de todo lo que nos rodea, montaña, valle, colinas, la ciudad. Pero pronto la neblina lo cubre todo, comienza a llover suave, cae granizo grande y ahora la lluvia es fuerte, un viento frío comienza a sentirse, no tenemos sol. Vamos protegidas y abrigadas con nuestras capas para el agua.

Se termina el sendero y encontramos una cerca de alambre, estamos en la base de la montaña, muy cerca de ella. Veo 3 cimas. Manuel decide que subiremos a la menos técnica, pero antes nos damos un descanso para almorzar. Luego por un sendero bastante angosto, pedregoso, con piedras altas a veces, comenzamos a subir hasta la cumbre, no es lejos y ya en ella, nos dedicamos a tomar fotografías al hermoso panorama. Comienza a llover de nuevo, con fuerza, lo que nos impulsa a bajar rápido, casi corriendo, hay que desandar el camino en la zona descampada y llegar a un refugio, en el cielo refulgen las centellas. Manuel se adelanta y nos acerca la camioneta, en ella dando tumbos por el encharcado camino rodamos hasta el refugio Campamento Base.

Aquí nos recibe Silvana y tres llamas (Leticia, Felipe y Javier, nombres dados por el señor español que las regaló a Manuel).

El amor y cariño por la montaña se trasluce en la construcción de este sencillo albergue. Se ha integrado al paisaje. El calor de hogar, la quietud y paz se percibe apenas trasponemos la puerta. El aroma de “algo rico en la cocina”, el baño con agua caliente, un delicioso té y la gentileza de Silvana nos hace sentir en casa, nos reanima . Experimentamos con goloso placer su habilidad de“alta cocina” (sopa de Locros, papas y pollo, jugo de “naranjillas” y dulce de higos). Con sendas tazas con café, nos sentamos alrededor de la chimenea y mientras crujen con alegría los troncos en el fuego, Manuel nos relata muchas de sus interesantes vivencias por las montañas. La pared frontal de la sala, es todo un monumento expositivo de fotografías, imágenes de mucha gente a quien él ha guiado con éxito, por las montañas ecuatorianas. Recuerdos.FOTOS

Nos han asignado una cómoda habitación, en su puerta se identifica como “Cotopaxi”, que bien dormimos en ella. Muy temprano en la mañana me despierta una intensa luz que se cuela por el amplio cristal de la ventana, me levanto y me asomo por ella. Mi sorpresa es tanta que me deja muda de asombro.. FOTO casi creo tocar aquella visión increíble. El pico Cotopaxi (5.892m) se dibuja nitidamente en el horizonte. Es todo un espectáculo, parece un cono de helado de chocolate, bañado desde arriba con crema chantilly. La nieve resplandece en su cima. Mi agitación es tanta que casi despierto a Juana que duerme placidamente, pero no, sólo atino a tomar mi cámara fotográfica y voy afuera a sacarle una y mil fotos., antes que la niebla lo tape.FOTO

Después de un suculento desayuno , cargamos nuestros enseres con rumbo a los picos Illiniza, pero cuando llegamos al sitio “Paso del Cantón”, no podemos seguir. La gente del poblado de Machachí , están en huelga y han cerrado la carretera , Buscando pasar Manuel se desvía hacia San Fernando (terminal de buses) donde estarían Diego y los caballos, pero no están, esperamos y se hace tarde, Cuando llegan ya hemos decidido cambiar el plan. Haremos una caminata larga entrando por el Parque Nacional Cotopaxi, dormiremos en el refugio Tambopaxi, albergue ecológico que además de su buena cocina, tiene una espectacular vista hacia el volcán y otras montañas. Entramos al parque por el Control Norte. Allí se queda Manuel y nosotras con Diego caminamos a través de una extensa pradera, por entre pajonales (esta planta de recia fibra es utilizada para muchas cosas por los lugareños, de hecho 3 de ellos los encontramos cortándola para llevarla y tapar con ella el techo de sus casas). Subimos y bajamos laderas de enmarañada fronda, caminamos mucho hasta llegar a una gran faja de terreno sembrado de altos pinos, su fragancia impregna el ambiente, el rumor de sus ramas semeja un canto gregoriano FOTOS. La sombra y el frescor de sus hojas nos invita a sentarnos bajo uno de ellos y almorzar con tranquilidad infinita FOTOS. Estamos en la Cuenca del río Pita.FOTOS Diego nos da lecciones de botánica tomando como ejemplo especimenes de la zona. Bajamos la colina y vamos hacia el lecho del fragoso río y lo fuímos remontando por sus orillas, bastante lejos hasta llegar a un rústico puente de cemento que lo atraviesa. Todo está solitario. Nuestro andar nos lleva hasta las ruinas arqueológicas indígenas, que aún están en pie por aquellos lares. FOTOS. Para variar comienza a llover, así que “calados hasta los huesos”, caminamos hasta el refugio.

Una buena sopa caliente nos cae muy bien. Nuestra habitación de techo hexagonal de capacidad para 6 u 8 personas, es toda sola para nosotras. El calor generado por la chimenea más la calefacción encendida, es tanta que nos hace quitarnos la ropa de abrigo. Dormimos como angelitas.

Otro día. Manuel considera que las condiciones de la montaña no están dadas para subir con seguridad. Así que nos vamos para otra, total hay muchas donde escoger. El Pico

Rumiñahui (4.850m). Salimos en la camioneta hasta la laguna Limpo Pungo (3.800m), en la orilla dejamos la camioneta. Lejos se ven 3 cumbres, una de ellas es nuestra meta, como no escalamos en roca, subiremos a la más fácil. En el agua de la laguna nadan una bandada de patos, de ella se levanta una espesa niebla. Estamos en la gran falda del Cotopaxi y a él lo divisamos como orgulloso guardián.

Caminamos un buen rato por la orilla del agua, hasta llegar a una zona de pajonales altos, hay humedad en el piso y a veces charcos pantanosos. De repente Manuel no señala un toro a lo lejos, justo por donde tenemos que pasar. Hacemos muchos rodeos sigiloso , el animal no nos detecta y se va placidamente hacia su manada. ¡Susto!..

Encontramos un sitio seco y allí nos sentamos a desayunar. Nunca me supo tan delicioso un yogurt. Llovizna nuevamente, alzo la mirada y veo una muralla pétrea enfrente mío. Seguimos caminando por el área semiplana que poco a poco comienza a empinarse, el sendero está medio oculto, pero Diego lo encuentra de inmediato, va zigzagueándolo, evitando las piedras grandes. Hay vegetación baja, muy cerrada, fuerte, dura y áspera, que raspa la piel , pasamos el trecho de una fila que lleva directamente al comienzo en sí de la ascensión. Veo zonas de arenales. Es difícil subir por ellos sin resbalarse. Manuel pasa adelante con el objetivo de que yo coloque mis pasos sobre la huella que él va dejando, ello contribuye mucho a afianzarme en el terreno. En cierto momento unos montañistas españoles nos alcanzan, pero Manuel ya los había oído y apretando el paso llega de primero a la cumbre, mientras yp resbalo un trecho en el arenal y ruedo hacia abajo, donde me estabilizo. Diego no me pierde de vista. Comienza la lluvia de siempre ¿hasta cuándo?, se va convirtiendo en un gran chubasco que transforma el sendero, hilos de agua corren hacia abajo. Nos refugiamos en el hueco de una pared de piedra, esperando que pase el “chaparrón”, aprovechamos de comer allí mismo, de pié. Amaina un poco y Manuel da la orden de bajar, el hacerlo por los arenales se hace más fácil. Se hace divertido al utilizar los pies como esquís y nos deslizamos rapidamente, pero nunca con la rapidez de Manuel, es un “campeón” en esto.

Con la lluvia mojándonos llegamos a la falda de la montaña, no hay rastros de toro alguno (menos mal). Despejado y lavado el cielo por la lluvia, el Cotopaxi se destaca con todo su esplendor, un delgado hilo de humo que desprende una fumarola en un costado, se distingue muy claramente. FOTO Pasadas algunas horas llegamos al sitio donde está la camioneta, en ella al Tambopaxi. La exquisita cena es el preludio para una buena noche de dormir sosegado y recuperador de fuezas.

Luego de desayunar, salimos en la camioneta para un acercamiento al Cotopaxi, dormiremos en el refugio que en él se encuentra. El transporte se quedará estacionado en un terraplén y desde allí nosotras subimos poco a poco por un terreno nevado hasta el refugio. No se siente frío alguno, al menos yo, el ejercicio y la ropa abrigada lo minimizan. Subimos cerca de 300 metros y como surguiendo de la nada, al pié de la pared de la base (en un cartel que está allí se lee Zona de avalanchas), nos encontramos con un manchón amarillo, es la fachada del refugio (4.800m). Adentro medio oscuro logró ver una gran sala con muchas sillas y mesas, gente comiendo leyendo, conversando..Apenas alguno levanta la mirada para ver quien llega.

Diego quien se había adelantado nos ofrece un té caliente y nos informa que arriba en el segundo piso están los dormitorios, subimos por una estrecha escalera de madera y toamos posesión de nuestras literas. FOTOS Después de descansar un poco bajamos a cenar. Posteriormente nos tendemos en la cama para tratar de dormir , es difícil por el ruido de conversaciones, la gente que sube y baja. Cierro los ojos y trato de dormir, pero mi inquieta mente proyecta imágenes ansiosas sobre lo que encontraré en la ascensión a la cima del volcán. Pasa lentamente el tiempo, en la oscuridad oigo que Manuel nos avisa que ya es la hora de irnos, son las 12 de la noche. Mientras nos alistamos se nos hace cerca de la 1 de la madrugada y es cuando salimos del refugio, con nosotros salen otras cordadas. Aunque hay luna lleva, las nubes la tapan. Sigo la huella del guía, la nieve no está muy dura en algunas partes, resbalo y casi caigo, me sostengo con el piolet FOTO. Toda una danza es el avanzar, debo apoyar en la nieve el piolet y al unísono con la otra mano el bastón, mientras afianzo un pie de punta en la nieve, doy un paso con el otro pie´. Toda una técnica efectista que se repite y cansa. Debemos calzar los crampones a nuestras botas FOTO. Sentados o de pie parecemos fantasmas. Pasamos a las orillas de unas grietas, me estremezco cuando veo aquél agujero negro sin fondo. Mariposas aletean en mi estómago..Pero no estoy asustada, tengo seguridad en la cordada de Manuel. La nieve centellea a la luz de mi linterna. Varias lucecitas de otras se ven moviéndose más arriba de donde yo voy. No distingo nada en aquella negrura a mi lado, nadie habla, se escucha sólo el respirar fuerte.

Han pasado muchas horas, siento que mis fuerzas menguan, flaqueo, me siento, descanso, voy lenta. Saco bríos de donde puedo, Manuel y Diego me motivan a continuar, lo hago, trato, pero ya no puedo seguir, estoy cansada. Las piernas no me responden, mi mente me empuja, pero ya no puedo continuar. Comienza a nevar, pienso en la distancia que aún me resta y en la bajada. Decido abortar la ascensión. La cordada de dos jóvenes chicas que me precedían hacen lo propio, se devuelven.

Pienso que he hecho lo correcto, porque el tiempo ha comenzado a cambiar para peor, cuando llego al refugio la nevada se ha convertido en tormenta.

Descansada y sentada bebiendo sopa caliente, reflexiono y me doy por satisfecha. Ha sido una nueva y gran experiencia para mí, sentirme allá afuera en medio de la nada, caminando por aquél terreno nevado, conocí sensaciones extrañas con pensamientos felices, mi intento ha sido satisfactorio e importante para mí. Me siento bien, me siento felíz. La montaña sigue ahí, puede que alguna vez lo intente de nuevo.

Desayunamos y recogemos nuestras cosas, despidiéndonos de los amables jóvenes que atienden el refugio. Juana y yo esta vez bajamos más directamente por otra ruta, adrede nos tardamos caminando tratando de alargar aquellos preciosos momentos, FOTOS, todo estaba blanco. Abajo en la explanada apenas se distingue la camioneta . Nos esperan Manuel y Diego. Regresamos a Quito por un camino diferente, ahora lo hacemos por una zona donde hay mucho ganado, casas, labrantío, riachuelos productos del deshielo del volcán. Pasamos un pueblo: “Guapulo”, en su catedral, la Libertadora del Libertador Manuelita Sanz, se reunía con otros patriotas para conspirar contra el régimen imperante.. El trayecto fue bastante largo, pero entretenido, durante el mismo pude comprobar el gran respeto que se tiene hacia nuestros próceres Simón Bolívar y José Antonio Sucre. Universidad, avenida, plazas con estatuas llevan el uno u el otro nombre.

En nuestro hotel de nuevo. Al otro día Diego acompañado de su hijo Camilo y sobrino Luís, nos llevaron al teleférico. Instalaciones modernas emplazadas en las laderas del volcán Pichincha. Cabinas rápidas nos trasladan desde la ciudad a lo alto de la montaña. Bastante y densa neblina, Apenas se disipa un momento, aprovecho de tomar fotografías FOTOS. Hay una amplia caminería que lleva hasta lo alto de una suave pendiente, hay que subirla con calma (altitud de….m) FOTO. Una bebida espirituosa y caliente es bien recibida para “calentar el cuerpo”.FOTO
Ya debajo de nuevo, mi amiga y yo nos fuimos a curiosear las tiendas y almorzar de paso. Linda artesanía, finas telas bordadas, cerámica, tejidos…

En la mañana del nuevo día, acompañadas por los chicos de nuevo, Diego nos llevó fuera de la ciudad, pasamos por un escalofriante viaducto, abajo en un desfiladero vislumbro un río entre rocas..La ancha autopista la rodean preciosos y verdes paisajes, pasamos una laguna ancha y gris y llegamos a un sitio denominado “Las Termas de Papallacta, es un balneario cuyo atractivo principal son las aguas termales/minerales que ofrecen. Hay una serie de piscinas de distintas temperaturas , en ellas nos bañamos. No quería salir del aquellas aguas, tal era el sosiego y la tranquilidad en que estaba sumergida, ajena al “mundanal ruido”, a las volteretas y chapuzones de los chicos. Pasamos la mañana reparando fuerzas. Luego nos deleitamos con choclos calientes en un restoran modesto y sencillo, allí en un estanque nadaban las truchas que infructuosamente trataron de pescar los muchachos. FOTOS.

De nuevo en la carretera rumbo al hotel citadino. Esa última noche en nuestra habitación, el tiempo no nos alcanzó para “repasar entre ambas “ todos los ratos felices que pasamos durante nuestro viaje.

Muy temprano los Jácome nos vinieron a buscar para llevarnos al aeropuerto, allí nos despedimos de ellos, agradeciendo sus miles de atenciones y cuidados , y con la promesa de volver pronto. La nostalgia pintó nuestros adioses. Llega el momento de despedirme de Juana, amiga y compañera de aventura. Un abrazo con fuerza sella el compromiso de viaje en el futuro cercano. Ella vuela a Miami, yo regreso a Caracas.

Un último vistazo a lo que me rodea y subo al avión con destino a mi tierra, dejo atrás una acogedora tierra y a nuevos amigos.


Nos vemos en la próxima.

Edilia C. de Borges

Autor: 
Edilia de Borges